Nos pensamos libres, pero la libertad absoluta, la verdadera, la de verdad, a que nunca se corrompió de tanto usar su nombre de manera obscena no existe, ya que nos guste o no pertenecemos.

Pertenecemos a una hipoteca, alquiler, préstamo, deuda, nivel de vida o gastos mínimos. Pertenecemos a los bancos que con nuestra firma sentencian nuestro futuro en nombre de interés. Pertenecemos a nuestras empresas, empleos, temporales o fijos, ya que sin ellos somos incapaces de pasarnos la vida pagando las hipotecas, alquileres, préstamos, deudas, niveles de vida o gastos mínimos.

Soldaditos de juguete plastico
Disparos a uno mismo

Pertenecemos a nuestros vecinos y compañeros, en el momento en el que no somos sinceros y hacemos o decimos lo que pensamos. En su lugar tratamos de agradar manteniendo conversaciones insustanciales en el ascensor portal o garaje.

Pertenecemos a nuestras parejas, novias o novios, amantes o esposas o maridos, porque a pesar de no estar de acuerdo con muchas cosas. A pesar de convertirnos en personas sin voluntad por el mero hecho de “no discutir”. Porque necesitamos su aprobación como una droga…

Hablando de drogas… también les pertenecemos a ellas. En el formato mas oscuro a través de sustancias ilegales, las cuales hacen que el ser humano sea un esclavo de si mismo, sacando lo mas oscuro de su ser… pasando por el alcohol, ese que “tenemos” que tomar porque si, en las reuniones, comidas o festividades. Pertenecemos a los fármacos, que con un mal uso eliminan de nuestro cerebro cualquier atisbo de humanidad.

Pertenecemos a las leyes, que lejos de ser justas, ajustician. Nunca fue lo mismo, pero al menos las vienes venir de lejos.

Pertencemos a los políticos que con sus mentiras hacen que nos indignemos, pero que a la hora de castigarles, les premiamos con votos estériles mas dignos de un club de fútbol que de la necesidad de un país.

Pertencemos a las marcas, esas que nos hacen desear, necesitar, alardear, diferenciar y sentirnos mejores, diferentes o absurdamente superiores. Esas que antes de hablarnos nos han estudiado de manera obscena hasta el punto de saber de que color meas para decidir que coche compras.

Pertenecemos a la religión, esa que lejos de curar el alma, dirige a las masas. Lejos de ser un refugio emocional, es un premio al buen comportamiento. Lejos de predicar amor, fabrican el odio con sus normas, sus guerras y sus diferencias. Esas que en vez de practicar, tan solo dicen.

Pertenecemos a nuestros orígenes, esas ciudades que nos vieron crecer y que por algún casual nos hacen sentir orgullosos, por sus edificios, costumbres, club se fútbol… mientras los políticos se forran construyendo, los bancos financiando, los clubes son un montón de empleados millonarios que raramente nacieron en la ciudad donde juegan mientras pegan patadas a un balón…

Pertenecemos a nuestras pertenencias, esas que nos hacen recordar, soñar, ser… esas que nos dicen de donde venimos y que hemos hecho, quienes somos y lo que haremos. Esas que hace años que no usamos pero que de algún modo necesitamos tener cerca.

Soy una víctima de mis pertenencias. Son mas de las que hoy describo, pero desde luego, no son pocas. Tan solo me siento orgulloso de pertenecer a algo. Creo que es en realidad por donde todo empieza, nuestra primera y verdadera pertenencia, esa que debería ser la ultima, la principal y la mas real: mi familia y todo aquél que por cercanía o amistad … sea parte del mismo sentimiento, amor.

…sigo

Escrito por @ciberfefo

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4 Comentarios

  1. Lo del vagabundo lo decía en serio. Acababa de leer On the Road y en ella hay una especie de exaltación de la libertad del vagabundo…pero vamos, que no me convence mucho…

  2. No me refería a eso.. si no a las ataduras que nos imponemos y que nos impiden ser felices. Si sabes que son auto imposiciones, podremos dejarlas.. y por lo tanto ser (o tratar de ser) un poco mas felices. Nunca me gustó lo blanco ni lo negro. Gris, siempre gris

  3. Y añadiré una a tu colección, que es la pertenencia más terrorífica y extraordinaria a un tiempo que yo he conocido: pertenecemos a nuestros hijos. Ellos nos llevan y nos traen, nos ensalzan y nos hunden, nos enorgullecen y nos avergüenzan, nos exhiben y nos demuestran a través suya y sus comportamientos. Sus dones y sus faltas. Nos hacen sentir todo el miedo que conlleva pertenecerles por completo, hagan lo que hagan y nos traten como nos traten. Porque son parte esencial nuestra, y siempre viviremos pendientes de ellos… Para bien y para mal. No conozco mayor posesión.

    (P.S.: Cuando quieras, pásate por casa/blog. Me interesa mucho tu opinión, también como comentarista. Un saludo!!)

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