De niño era mas bien callado, introvertido, ausente. No resultaba molesto, salvo por la misma ausencia que desesperaba a propios y extraños. Parecía que me daba todo igual, pero nada más lejos de la realidad.
Nunca fui un niño preguntón sin embargo, si alguien muy curioso. En lugar de preguntar ¿cómo funciona esto? Directamente lo desmontaba, con el desastre anunciado de no poder reconstruirlo del modo adecuado.
Preguntar o aventurarse a buscar las respuestas, son las dos caras de la misma moneda. Una activa y la otra pasiva. Una asumiendo tu ignorancia esperando a que te instruyan y la otra, arrogante e inconsciente. No soy capaz de decir cual de las dos es la apropiada, salvó que ambas son vitalmente necesarias.

Esta semana ha resultado especialmente dura. Nada que no se cure con un fin de semana con los tuyos y alimentándome de las letras que más me llenan.

Hacer las preguntas inadecuadas (o muy adecuadas) me ha causado problemas. Es la historia de mi vida. Quizás porque algunas preguntas, sencillamente diseccionan algo que (al igual que mis juguetes de la infancia) una vez desmontados, no es posible reconstruirlo… pero ¿no es esa la función de las preguntas?. Lo que más me sorprende no es lo incómodo de ciertas preguntas, si no la ansiedad que provocan las mas básicas. No se que me resulta más alarmante: no hacerse preguntas, que dejar de hacerlas.

Creo que un profesional que se deja de hacerse preguntas es por tener muchas certezas o porque le da lo mismo la respuestas. Ambas son un cáncer. Dejar de hacer preguntas es la línea que define la vida profesional de alguien. Se que muchos se plantearán ahora muchas de forma espontánea e impulsiva. No son esas a las preguntas que me refiero.
Si no a esas que no te dejan dormir, que te hacen despertar. Que te mueven a pesar de las circunstancias… Esas preguntas que no inventamos, sencillamente nacen en la cabeza y viven una vida propia.

Las preguntas mueven el mundo y no me puedo imaginar a nadie que no se las haga, tan sólo a quien las cambia de lugar. Yo soy un borrico y sigo en lo mío. Quizás por el aliciente de no encontrar nunca las respuestas.

Lo que no tolero es el desprecio a las preguntas. El vacío. No hay nada que desgasté más que hablar con quien no entiende, pero si algo me enciende es hablar con quien no quiere entender. En el segundo de los casos, es preferible que cambie de conversación.

Esta semana he llegado a sentirme desgastado, pero unas sencillas palabras de un buen amigo, han hecho, de manera simple, concreta y efectiva (como el) que en menos de 5 segundos recupere mi estado original. Se que es una intromisión pero “copio y pego” las palabras de Juan:
“…Te recomendaría que no te quemes todavía. Sé que la cosa está requetejodida, y que los dinosaurios se defienden siempre y en manada. Disfruta de tu diferencia, y que les den. Mantén tus ambiciones a salvo del desánimo. Y de los desanimadores.”

Con esto, no tengo más que decir, salvo Gracias.
…sigo

Escrito por @ciberfefo

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