Vivimos días convulsos. Y digo vivimos por no hablar en primera persona, que resulta más directo, pero también suena más egoísta. Siempre he pensado que mi experiencia no dista de la mayoría, la única diferencia tangible, es la interpretación de la misma.

Reconozco (ahora si, en primera persona) que no se muy bien por donde tirar. Casi todas las vías factibles se empiezan a agotar y la realidad comienza a superar con creces a la literatura tan efectista, pretenciosa y con tintes twitteros de nuestro días.

En lo personal, pasamos del abismo al desastre y de este al vacío, para tornar de nuevo a los “casis”. Algo difícil de llevar, jodido de comer, pero mucho más de creer. A veces no se sí soy un paranoico (que lo soy) o una víctima de mis circunstancias. No se sí tengo mucha intuición o demasiada complacencia con mis pensamientos.
Tienen que ser cosas las la edad, cuando antes te ponías en duda por sistema, hoy te justificas por el mismo motivo. Ambas, carentes de toda verdad, pero con demasiadas razones a sus espaldas.

En lo profesional, ninguna novedad. Cuando va bien bien, y cuando va mal, peor. No hay duda de que sobrevivimos (los que podemos) a un momento especialmente crítico, cambiante, cruel, incierto, escurridizo, mentiroso y efectista, pero tan sólo me dedico a la publicidad. Y es lo bueno que tiene este negocio, que no es nada importante, tan sólo momentos efímeros que inducen a una reacción estipulada. Pero reconozco que pese a todo lo que digo, mi profesión me llena, me estimula, me impulsa, me mantiene alerta, vivo. Esos momentos de los que hablo (publicidad) a veces regala pequeñas dosis de inteligencia, belleza, sutileza e ingenio. Me lo paso realmente bien trabajando con mi equipo. No se sí lo hacemos bien o mal, pero me divierto como un enano. Y creo que de eso es de lo que se trata todo esto, de divertirse. ¿Si no, para que coño vale todo esto?

Estos días resultan especialmente incómodos, entre la ansiedad de generar, producir y la parálisis de la sagrada fiesta. Entre la ganas de estar sólo y los compromisos que reconozco me dan la vida. Entre los problemas del mundo y los míos propios. Entre las crisis y las oportunidades. Entre el amor y el reencuentro. Entre lo estúpido y lo real.
No se sí todo esto valdrá de algo, pero en mi afán por sacarle partido a todo, espero aprender un montón.

Oigan, de eso trata la vida, de aprender de nuestro pasado y avanzar. Si no, entraremos en un bucle incierto de frases hechas de 140 caracteres, diapositivas efectistas y planes de papel.

No se dónde coño va a parar todo esto, pero si se donde demonios quiero acabar yo. Sonara pretencioso, al menos conozco mis referencias e imagino mi destino. Lo que queda entre medias, se llama circunstancias y las trato de disfrutar al máximo con lo bueno y con lo malo.

¿Cuales son tus referencias?
¿Cómo pretendes que sea tu destino?
… Pues eso, disfruta que son dos días.

…sigo

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Escrito por @ciberfefo

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