El vocabulario es importante, las palabras no son gratuitas. Poseen un valor, tiene un sentido. Por ese motivo están sometidas a una enorme competencia. Son moneda de cambio, productos con un objetivo claro y conciso.
No hablo de una mano negra, tampoco de ninguna teoría de la conspiración. Me refiero a este obsceno modo de actuar en cuanto una palabra o frase comienza a cobrar valor público.
De la gente a los intereses privados, esta es la historia de la humanidad. Las revoluciones los cambios los impulsos comienzan de manera espontánea y pura (cada vez menos) con un motivo, un significado y por lo tanto una utilidad, para después formar parte del repertorio privado de los intereses corporativos.
Cuando una palabra cobra sentido dentro de nuestra sociedad, los grupos de interés no tardan en adueñarse de ellas. Lamentablemente no es que su discurso se transforme y sea reflejo del sentimiento colectivo. Sencillamente se adueñan de ellas para controlarlas y dotarles de otro matiz que de sentido a sus objetivos.
Lo vemos todos los días, ahora más que nunca, donde las campañas ideológicas (o ausentes de toda ideología pero con la pretensión de parecerse a ella) se alimentan de este deseo de control sobre las palabras.
“Futuro, esperanza, valor, honestidad, éxito, liderazgo, innovación, igualdad, todos…” Algunos ejemplos donde la palabra ha dejado de carecer su sentido inicial para pertenecer al imaginario corporativo. Es la prostitución de la palabra.
Son secuestradas para la causa e izadas como banderas hasta que se queman y dejan de tener ningún sentido para la gente. A veces no es ni si quiera con la intención de manipular, tan sólo de estar a tono con los tiempos, se usan porque quedan bien, sin tener en cuanta cual es su significado ni su valor.
Se le ha perdido el respeto al lenguaje y con el a las personas. Es la palabra la que nos diferencia de los animales y si es la palabra la que vendemos, nos convertimos en prostitutas del que pretende manipular.
Pero nos pongamos estupendos. A estas alturas todos somos culpables, los que las usan sin mesura, las que las escuchan sin interés y las que nos dedicamos a escribirlas. Estos últimos tenemos un especial interés en que se utilicen. Lo importante es que siempre aparezca una nueva, de ese modo nuestro propio discurso se refresca, se luce y por lo tanto volvemos a comer caliente otro día.
No nos diferenciamos del manipulador, tan sólo en que nosotros cobramos por ello.

…sigo.

N.T: A veces cuando veo escritos tan obvios, tan estúpidos y carentes de sensibilidad y sobradas de estupidez sueño que por fin, nos hemos puesto de acuerdo para hundir este sistema hueco que tan solo nos falta el respeto como personas. Lamentablemente, siempre despierto y me doy cuenta de que no es una conspiración. Es una plaga.

Escrito por @ciberfefo

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