Pocas cosas me importan en la vida. Supongo que lo mas importante es la familia. La natural y la que te llega. En el segundo caso es inevitable que hable de Lola porque es parte de mi vida, de lo que soy y de como he llegado hasta aquí.

Son las dos de la mañana y Lola está muy enferma. Hoy pasó por el veterinario y la cosa se ha ido poniendo peor a cada hora. Estoy muy preocupado, la veo fatal. No puedo hacer mas que estar a su lado y ver que tal está a cada rato. Tengo miedo de que se ponga peor y no llegue a mañana. Lola es una gata muy mayor. No puedo dormir y no quiero molestar a mi niña (la humana) que duerme en la cama. Tengo ganas de llorar pero no puedo, y como he hecho siempre, es ponerme a escribir y ocupar el cerebro con algo que no sean malos augurios. Os contaré quién es Lola y lo que significa para mi;

Lola llegó a mi vida una navidad bastante rara hace 8 años. Mi vida en esos momentos era un caos, no sabía ni donde pisaba. Había tomado la determinación de solucionar mis problemas a pesar de tener muy difícil solución. En el caso de no tenerla, había asumido la responsabilidad de afrontar todas y cada una de sus consecuencias. Creedme cuando os digo, que lo primero casi no pudo ser, pero en lo segundo me llevé el gordo.

Una época de muchos palos, demasiadas decepciones y una soledad que cortaba el aire. Así son las consecuencias en la vida. Esto no es una lección de moralidad, es una historia preciosa, así que sigo con Lola; Un día mi hermana que tiene una tienda muy bonita en tribunal y me llama: “Fefo, ¿tu no querías un gato negro para adoptar?”… le respondí que si. Me sorprendió porque mi hermana es de memoria selectiva y hacía unos años le dije que no quería comprar un gato, quería encontrármelo. Que se acordase significó mucho para mi.

Al llegar a la tienda, todo fue amor: Una belleza de gata adulta, negrísima de pelo largo y ojazos verdes me miró, se acercó a mi corriendo por el mostrador, me ronroneó y me hizo alguna carantoña. Hecho, me enamoré al instante. No tardé en pensarlo, la abracé y me la llevé.

Esa tarde fue distante, escurridiza, miedosa. Tan solo comió un poco, cotilleó cada rincón de la casa, giró la cabeza y me miró con aire afirmativo “venga, me quedo”. Dormimos juntos, acurrucados. Su cabeza en la palma de mi mano. Recuerdo que cada 10 minutos abría los ojos para mirar donde estaba. Lola se había perdido hacía semanas de su hogar y al parecer esa era la primera noche que dormía en caliente desde hacía semanas.

No volvió a dormir conmigo en años. Dicen que los gatos adoptados no son de fiar. Yo digo que los gatos que se pierden como las personas, sienten pena, miedo y nostalgia de donde crecieron. Lola tardó muchísimo en asumir que este, sería su nuevo hogar.

Mientras tanto los años pasaban y yo seguía luchando contra el tipo del espejo, ese que tantos problemas me había creado. Me despidieron injustamente de mi empresa, demasiadas decepciones con los “amigos” de entonces y como decirlo… mi vida sentimental se convirtió en algo que no quiero recordar. Solo se que una noche al final me rompí. No pude más y lloré de forma desesperada. No soy de lágrima fácil (ojalá) por eso cuando lloro suele ser por infinidad de causas que me sobre pasan. En estas estaba yo acurrucado en la cama, completamente desesperado. Si os soy sinceros en ese preciso instante mi vida en general no tenía demasiado sentido… hasta que una bola de pelo se me acercó alarmada, se metió entre mi cabeza y mis brazos y me lamió la nariz y las mejillas muy rápidamente. Lola, que tan distante había estado todo ese tiempo, se dio cuenta que yo le importaba. Aunque solo fuese para darle mimos y comida, pero le importaba. Eso me hizo sonreír, me sentí afortunado. Puede sonar ñoño o estúpido, pero para mi fue muy importante.

De ahí en adelante nuestra relación tornó en complicidad absoluta, eso si, con independencia. Lola es de las mujeres que se hacen valer, nada de estar en mis piernas o tirada como un felpudo, ella a mi lado siempre pero con dignidad. Escribíamos a diario juntos mi blog, leíamos, veíamos la tele… reconozco que esta gata me ha hecho mas compañía que muchos humanos.

Llegados a un punto de descubrimiento mutuo me di cuenta que Lola me quería. No porque me lo dijese, si no, como pasa con las mujeres de carácter, que las delatan los gestos. Cada vez que invitaba a alguna amiga a casa y pasaba del sofá, Lola no podía evitar irse al bolso de la susodicha y… como decirlo, “marcarlo”. No os imagináis las llamadas del día siguiente; “oye.. creo que tu gata se ha meado en mi gucci”. Si os digo la verdad en el 99% de los casos Lola acertaba de lleno; si se meaba es que no merecía volver. Yo tenía muy poco ojo y menos filtros por aquel entonces. Lola no.

Fueron años muy duros. Superar una enfermedad, asumir mi situación laboral, y entre medias más de un varapalo emocional. Pero os juro que Lola siempre estaba allí preocupada, mirando con ojos grandes y sabios.

Entre tanto una compañera de trabajo me dijo que un conocido había tenido una camada inmensa de gatitos en su casa y que no le era posible tenerlos todos. Había que sacrificarlos. Ella me lo decía porque de los 15 gatitos recién nacidos solo uno era negro. Lo siento pero no pude evitar ir a buscarlo. En el caso de Lupe (como se llama) no fue tan fácil como con Lola. Tardé mas de 4 horas en sacarla de sus escondites. Lupe es una gata salvaje de la calle, que sin duda y pese a su corta edad, se defendía a las mil maravillas. Finalmente pude raptarla para que no la sacrificasen, no sin problemas añadidos: Lupe estaba expuesta a una infección muy grande en la piel que le arrancaba la parte de la carita y las patas. Pese a que tenía energía, el veterinario me dijo que no duraría mas de una semana y que no le acercase a Lola bajo ningún concepto. Su infección era muy contagiosa. Sólo había un remedio: ponerle una pomada y darle unas gotas cada tres horas. Así lo hice durante tres semanas.

Lola siempre estaba curiosa tras la puerta. Olía algo nuevo y escuchaba los lamentos de la gatita. Tras un mes Lupe ya estaba lista para su nueva vida. Era un milagro pero ahí estaba. El día que les presenté Lola no se lo tomó muy bien: se hinchó como una bola y le bufó (Lola no araña ni ataca, es buena gente). Les dejé en la casa. Lupe no hacía mas que seguir a Lola que era lo más parecido a lo que conocía por “familia” y Lola solo le evitaba.

Al día siguiente me encontré una escena un tanto entrañable: Lola tumbada en el sillón y Lupe tratando de mamar de ella. Es evidente que era imposible, pero el mero gesto, mostraba que la una asumía la responsabilidad de la otra. Hasta hoy son mama e hija.

Los tres trabajamos mucho en casa. Superamos juntos nuestros males, decidimos montar una empresa y porqué no, hacer un montón de fotos en el estudio, que es lo que nos gustaba.

Hoy en día han pasado cuatro años desde que puse el poco dinero que tenía en la empresa. viajo mucho y trabajo más. No me quejo, me encanta. Estoy viviendo dos sueños: tiempo ganado y en trabajar en lo que más me gusta con la gente que más respeto. Tanto es así que a veces no me doy cuenta de lo exhausto que estoy, hasta que cuando llego a casa Lola decide dormir en mi almohada. Solo lo hace cuando no hablo al llegar, cuando no ceno y cuando voy directo a la cama. Sabe que me da fuerzas y apoyo.

No puedo negar que esta gata es parte de lo que soy. Hemos llorado, reído, peleado y pasado horas juntos. Que hoy esté debajo de un mueble (está mas fresquita) respirando con dificultad y con una fiebre terrible, la verdad es que hace que se me caigan las lágrimas. ¡He vuelto a rezar! no se a qué en realidad… pero es parte de mi infancia. Cuando no veo salida me enseñaron a reconocerlo mediante la oración. No soy religioso, pero respeto profundamente la religión… y como es parte de mi educación, pues eso. Aunque supongo que la mejor y la más grande oración es este post.

No quiero que Lola me deje. No ahora que todo está tan bien. No ahora que tenemos todo lo que deseábamos. No es justo. Tiene tanto derecho a disfrutarlo como yo.

No se que más decir. Es tarde y mañana trabajo… así que solo puede o decir “buenas noches Lola”

… muy triste y bastante desesperado… sigo.

Escrito por @ciberfefo

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