Tengo muchos recuerdos de la niñez. Algunos muy difusos y otros mucho mas claros. Uno de ellos es el de Juan llegando a casa, hablando con mis padres de esa manera tan suya. Los más cursis dirían que con pasión, yo prefiero con energía y con cabreo. Juan es una persona en permanente estado de cabreo contra lo establecido.

Recuerdo claramente como trataba con mi hermana y conmigo (entonces unos críos de 14 y 10 años) y nos preguntaba que queríamos pedirle a nuestros padres y que no nos atreviésemos. Mi hermana, que siempre fue más inteligente que yo, siempre demandaba un aumento de paga semanal. Tras un guiño de complicidad, se pasaba toda la visita tratando de convencer a mis padres para que aumentasen el citado “sueldo”. Lo hacia con argumentos, poniéndose en la piel de un niño que quiere comprar sus propias “cosas”. No se de cuanto estaríamos hablando, pero al cambio hoy serían unos do o tres euros más. Que un adulto se tomase tan en serio nuestras demandas, que las defendiera tan bien y nos diera herramientas para seguir “ganando derechos” es algo que nunca olvidaré.

Juan es un viejo amigo de mis padres. Y digo viejo por años, no por edad. Compañero de universidad de mi padre, fraguaron una relación que dura hasta hoy. Si tengo que definir desde la distancia esta relación, es de cariño, mucho cariño. Mis padres y Juan son antagónicos en pensamiento y en estilo de vida, sin embargo siempre en contacto pese a la distancia,  tienen una relación fuerte basada en el respeto mutuo. Eso es cariño.

Mi manera de ver a Juan es muy distinta, particular y distante. He pasado de niño callado que flipaba con la forma de hablar de ese señor de pelo rizado, a cuarentón que tiene una relación de amistad distante (y en la distancia) con un gran amigo de mis padres.

Resulta que Juan a parte de querido en la familia, es uno de los grandes referentes en la publicidad, el pensamiento estratégico y la construcción de marcas de este país. No voy a nombrar nada de lo que hizo, porque el mismo no habla de ello. Tras años ejerciendo, ha renegado de la profesión, pero nunca escatima en medios para ayudar, formar y conversar con quien se lo pidiese. Yo soy uno de ellos.

Sólo voy a contar tres anécdotas que explican muy bien lo que juan significa para mi:

Hace años, yo dirigía una multinacional de publicidad. El puesto me resultaba incómodo. Yo no estaba preparado para ser un CEO, por eso siempre estaba maquinando nuevas “opciones empresariales” que en realidad no eran más que fantasías de huída para no afrontar mi realidad. Una de esas aventuras fue una agencia de publicidad dedicada al incipiente segmento de la mal llamada “tercera edad”. Una empresa compuesta por creativos jubilados que hiciesen comunicación para jubilados. Hoy lo veo como una estupidez, pero en aquel momento me lo creí y mucho. Tanto que todo el mundo me decía lo grande de la idea y lo genial del concepto. Todo el mundo menos Juan. Una tarde vino de Donostia, donde residía y se citó conmigo a petición de mi padre. El revolcón que me dio me dejó destrozado varias semanas. Fue desmontando punto por punto cada uno de mis argumentos, hasta llegar al centro de la acción: ¿por qué lo haces?. Juan nunca te da argumentos, te hace preguntas. Eso jode más, porque si eres medianamente honesto, tu mismo las responderás con la dureza que te corresponde. Si te mientes a ti mismo, es cosa tuya. Ese día aprendí que cada proyecto en el que involucres a terceros, ha de ser vital o no ser. El cerebro y las tripas tienen de estar en el mismo lugar para que las cosas salgan bien. Finalmente el proyecto se quedó en nada y un año después abandoné la multinacional. Ambas cosas no son consecuencia la una de la otra, pero están muy relacionadas.

La segunda história tiene que ver con la política. Es la gran pasión de Juan. Hombre de profundas creencias de izquierdas y tan ateo que parece otra religión. Cree que la política no se hace en los congresos, si no en la calle, con la gente, reaccionando. Detestaba la intromisión de la iglesia en casi todo en lo que afecta a la sociedad y defiende que cuando nos morimos, ahí nos quedamos. No se callaba nada y se mete en todo. Reconozco que me a veces me llegaba a crispar y mucho. No se si por su cabreo constante o por que realmente consigue hacerme cambiar de idea en muchas cosas. Sin embargo tras esa actitud tan impulsiva, esta el respeto. Juan siempre te escucha, y una vez más te desmonta con argumentos. Unas veces lo consigue, otras no. De todo esto he aprendido que la política es algo vital. Que hay que ser parte, que hay que mojarse sea cual sea tu posición, pero siempre bajo unas normas sociales basadas en el respeto.

La última anécdota tiene que ver conmigo y con mis decisiones. Hace cinco años monté una agencia de publicidad. Nuestro “nicho” era el mundo digital. Sin embargo el tercer año lo pasamos fatal para sacar adelante el proyecto. Crisis, encargos mediocres y algún que otro gañan por cliente. En definitiva, estaba muy quemado, más asustado y empezaba a decepcionarme mucho. Una tarde quedé con Juan en Malasaña a comer. El acababa de llegar a vivir a Madrid y esta más disponible. Yo no lo venia desde hacía años, sin embargo el tenía mucha curiosidad por saber de mi y de mi proyecto. Hablamos mucho de muchas cosas. Me confesó que el dejó la profesión porque dejó de creer en ella, en los clientes y sus marcas. Entendía perfectamente por lo que estaba pasando, porque el lo vivió (con mucho más éxito, dicho de paso). Me insistió que su decisión fue suya.. y matizó una cosa: “si decidieras mandarlo todo al inferno…¿que harías el día siguiente?” Yo le dije que publicidad. Una vez más con una pregunta, consiguió dar con mi respuesta. Los problemas nos ahogan muchas veces y nuestro cerebro fantasea con una huída. La mía era dejarlo, sin embargo no puedo vivir sin lo que hago. Me da más de lo que yo doy. No lo vi claro hasta ese momento. Dejé de quejarme y me puse manos a la obra. Cada vez que me veo “flojo” me hago esa misma pregunta.

Juan no solo me da consejos en forma de largas conversaciones “tocapelotas”. También me dio el contacto de uno de mis mejores y más fieles clientes. Uno que fue suyo, y el mismo ayudó a que fuese mio. Como ya he dicho, Juan cree en la reacción, por eso no solo habla, cuando puede, hace.

Juan es un tio de contrastes. Le considero una persona muy culta, vivida y experimentada. Sin embargo es uno de los lectores más fieles de este blog, que no es un blog, si no mas bien una herramienta para vomitar pensamientos. También le gustaban mucho mis dibujos, que no son dibujos, si no más bien herramientas para dejar de pensar. Y es que creo que a diferencia de mis padres, yo si tengo algo en común con Juan. Me sigo haciendo tantas preguntas que no las soporto. Me muevo por el cabreo y creo fervientemente en la acción. La gran diferencia es que el es mejor persona, más noble y comprometido que yo.

Tiempo al tiempo Juan,  a lo mejor un día te pillo!… ya te estoy cogiendo ventaja.

Me acabo de enterar que Juan no ha superado el cáncer que le tenía jodido a el y a los suyos desde verano. Desde el minuto uno, no quiso que nadie más que los necesarios sufriesen. Su hija lo ha vivido de golpe, no puedo dejar de pensar en ella. Creo que en días como estos la vida es una puta mierda, injusta y cruel. Lo es, pero nos toca vivirla y tratar de disfrutarla.

Hoy Mis padres se han quedado sin un amigo del alma y eso me duele de verdad, porque los tienen muy contados. Yo no he perdido nada, tan solo he ganado mucho y con eso me quedo. Soy el niño que miraba con admiración a Juan cuando debatía con mis padres, cuando me hacia preguntas y cuando yo mismo me las respondía. Juan me enseñó la honestidad en la faceta mas complicada de la vida: uno mismo. Y creo que es en eso en lo que juan y yo tanto coincidimos.

Echaré de menos tus conversaciones, Te hablo en presente, porque estás. Te guste o no, te digo hasta luego, porque ahora sabes que nos veremos más tarde. Un abrazo Juan.

…sigo

Despedida de Juan Rodrigo
Me gusta imaginar un momento como este. Porque Juan se reiría, porque le gustaría el dibujo y porque en tan solo dibujarlo lo he disfrutado. Hasta luego Juan.

Escrito por @ciberfefo

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