Hoy nos levantamos con otra terrible noticia; Bruselas es cobardemente atacada en lugares de máximo transito y extrema tranquilidad: Los check in del aeropuerto de Zaventem y la estación de metro de Maelbeek en pleno centro de la ciudad. El resultado han sido al menos 34 muertos y cientos de heridos.

Las primeras noticias llegan, como siempre por twitter, con toda la crueldad de la exclusiva noticia no se duda en publicar y repostear imágenes que quitan el sueño, junto a hashtags como #JeSuisBruxelles. Acto seguido los periódicos saltan a la liebre informando sobre los ataques. Lo demás ya lo sabemos… tv, fotos de gente común (tu o yo que han sufrido una violación de su integridad, cuando no de su vida) ensangrentada. Carnaza llena de literatura y puntos comunes.

Después llegan las medidas: cierre espacios públicos, cierre de transportes públicos, aeropuertos y fronteras. Cada vez vamos más lejos con tal de preservar una seguridad que no existe salvo que tengamos controlados a todos los ciudadanos, pero eso no es seguridad, es falta de libertad.

Se está perdiendo otra guerra: la de la expresión.

Llegado a casa no paro de mirar los programas especiales y las redes sociales. Cada vez que veo un ataque de esta clase, contra la población en lugares supuestamente seguros, reconozco que el miedo me congela. Mi integridad es importante pero me preocupa más la de mi familia. Sin embargo el miedo es el objetivo, eso es lo que alienta la falta de libertad y ese es precisamente el objetivo de los asesinos.

A este punto al que quiero llegar. ¿Que hacer? ¿Cómo comportarse ante una situación como esta? ¿Cómo dar apoyo sin llegar al postureo?  Siempre he dado mucha importancia a las palabras, creo que con ellas se puede cambiar percepciones, actitudes y voluntades. Lo se porque me pagan por ello. Sin embargo veo como a parte de la guerra contra la libertad, se está perdiendo otra guerra: la de la expresión.

Cuando era yo niño, la banda terrorista ETA mató de un tiro en la nuca a un militar jubilado a la salida de la iglesia a la que asistíamos cada domingo con mi abuelo (otro militar retirado). Recuerdo el sonido de la pistola recuerdo los gritos y recuerdo el pánico. Yo tan solo estaba subiendo al coche de mis padres junto a mi hermana para irnos, dos calles pasada la citada iglesia. Lo recuerdo porque no puedo olvidar el sonido, las caras…  Tras los primeros instantes, mi padre decidió que teníamos que irnos de allí. Nosotros preguntamos que había pasado. En aquella época ETA asesinaba cada semana, por lo que lamentablemente unos niños de 5 y 9 años sabíamos perfectamente que era ETA y el terrorismo. Hay una escena que recuerdo bien, mi hermana preguntó a mi padre si lo que habíamos presenciado de lejos era otro “atentado” de ETA. Mi padre furioso con la situación, contestó que no. Es otro asesinato de ETA.

Aquello se me quedó grabado, porque las palabras son sutiles, tienen matices, diferencias, contexto y consecuencias. El mal uso de las palabras o la mala calidad de las mismas, no solo deteriora nuestra comunicación, deteriora nuestra sociedad. Si queremos combatir, apoyar y prevenir toda acción como la de hoy, debemos empezar por llamarlas como lo que son: Asesinatos. Y los que cometen asesinatos son asesinos.

Me duele ver como hay quien comunica haciendo un uso de la retórica recurriendo a un lenguaje ornamental a veces poético, que puede ser sutil pero que no hace más que tratar de dar valor a un concepto no demasiado consistente. El problema es que este lenguaje ya es estilo y el estilo marca tendencia.

 

Hay una forma de combatir estos ataques y es empezando a llamar a las cosas por su nombre

Como ya he dicho, hablamos de “banda armada” no de asesinos (en potencia o reales) o de su “lucha”, no de sus atrocidades ni de sus cobardes asesinatos. Se habla de “muertos” no de asesinados. Se denomina “atentados o incidentes” a lo que se denomina ataque. Por no hablar del perverso uno de las marcas para denominar a los citados asesinos; “Estado islámico o ISIS”, en vez de terroristas musulmanes radicales. Son justo las palabras las que ofenden, ya que estoy seguro que gracias a esta ultima frase me llamaran racista o incitador al odio. Sin embargo, yo no odio a los musulmanes, me he educado con muchos de ellos. De hecho, aunque mis ideas sean contrarias a las de los más radicales, tampoco les odio. Pero si un grupo de asesinos, hacen de su mayor bandera la religión musulmana y mata por ella, esto se denomina “terroristas musulmanes radicales” le duela a quien le duela.

Es precisamente ese miedo a “parecer” a no “ofender” a tener todas las sensibilidades “tranquilas” lo que hace que el lenguaje se difumine y se maquille de tal manera que se convierta en algo estereotipado y ausente de sentimiento. No hay más que ver a la clase política, su discurso es calcado. No por cordialidad o un pacto de estado, lo hacen por que es la norma, lo formal, lo que a nadie ofende.

Las palabras son sutiles, tienen matices, diferencias, contexto y consecuencias

Algunos pensarán que estoy enfadado (cierto) que me quejo de tonterías, pero las palabras importan y mucho. Las palabras son importantes, los nombres son importantes no tanto por si mismos, por su fonética o utilidad práctica, si no porque son clave para una correcta interpretación del mundo. Von Humboldt decía que el lenguaje no solo sirve para que podamos escribir la realidad que nos rodea, si no que influye en el modo en el que conceptualizamos esa realidad, en la manera que vemos el mundo, en la forma en que pensamos y como construimos los pensamientos. En el momento que difuminamos los nombres, los maquillamos y no llamamos a las cosas por su nombre, los terroristas, los asesinos, los cobardes ganan, porque no matan, ganan víctimas. No asesina, causan bajas. No son cobardes, tan solo atentan.

Nietzsche decía que “sin un nombre, las cosas no existen”. No soy fan de Nietzsche, pero creo que no puedo estar más de acuerdo. Mientras un asesinado sea un muerto, mientras un asesino sea un terrorista y mientras que un ataque se aun atentado ellos, los barbaros los cobardes, ganarán. Ganan porque no vemos las cosas como son, porque no las interpretamos, juzgamos y percibimos con los matices de la crueldad y cobardía que están compuestos. Ganan porque con el miedo a la ofensa generan una censura más poderosa que la de los estados, la censura de la moral. Ganan porque si solo nos agarramos a las imágenes y a los gestos poéticos como señal de difusión y apoyo, una vez mas el terror se vuelve poesía y el dolor en su medio.

Hay una forma de combatir estos ataques y es empezando a llamar a las cosas por su nombre: Asesinos, ataques, asesinados, cobardes, víctimas, terroristas, radicales musulmanes… o lo que toque.

…sigo

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Escrito por @ciberfefo

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